domingo, 22 de noviembre de 2015

Consultar al psicólogo infantil.



Nunca sabemos que tanto le pueden afectar las cosas que pasan alrededor de nuestros niños, por eso es conveniente siempre estar pendientes de las señales que nos mandan.

Los niños de 5 años ya han desarrollado la autoestima.







Una niña sonríe mientras se abraza a sí misma
Los niños pueden tener una imagen positiva de sí mismos desde 
muy pequeños, según un estudio.

La autoestima ya se ha desarrollado en los niños de cinco años, según un nuevo estudio, que revela que a esta edad se identifican con palabras positivas con la misma frecuencia e intensidad que los niños más mayores.
Un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Washington, en Estados Unidos, revela que la autoestima ya se ha desarrollado en los niños a los cinco años de edad. Es la primera vez que se evalúa la autopercepción en niños tan pequeños, porque se creía que era demasiado pronto para que un ser humano hubiese adquirido una visión positiva o negativa de sí mismo.
Los resultados del estudio sugieren que la autoestima desempeña un papel clave en la manera en la que los niños forman diferentes identidades sociales
Los autores del trabajo, que se ha publicado en Journal of Experimental Social Psychology, diseñaron un test de asociación implícita en edad preescolar –cuya versión para adultos permite descubrir actitudes y creencias que las personas desconocen tener, como determinados prejuicios– para medir la intensidad con la que los menores tenían una imagen positiva de sí mismos.
Los participantes en el estudio respondieron al test a través de un ordenador, para comprobar cómo asociaban palabras positivas como bonito, diversión o feliz, y otras negativas como malo o asqueroso, al ser preguntados por ellos mismos. Los investigadores observaron que los pequeños tendían a elegir los conceptos buenos en relación a su persona, con la misma frecuencia e intensidad que ya se había visto en niños más mayores.
Como ha explicado Dario Cvencek, científico del Instituto del Aprendizaje y las ciencias Cerebrales (i-LABS) de Washington, que ha dirigido la investigación, los resultados del estudio sugieren que la autoestima desempeña un papel clave en la manera en la que los niños forman diferentes identidades sociales, y que los primeros cinco años de vida son cruciales para ello. Estos expertos realizarán un seguimiento a estos menores con el objetivo de comprobar si esta medición temprana de su autoestima puede predecir otros factores a largo plazo, como su estado de salud o sus logros académicos.


Es impresionante el saber que desde pequeños los niños van creando una imagen de sí mismos, por eso es importante estimularlos y que siempre tengan la mejor actitud, lo que se siembra hoy es la cosecha del mañana.

¿Por qué mi hijo se chupa el dedo?



Chuparse el dedo es una conducta habitual y fisiológica en los bebés y niños de corta edad; pero cuando este hábito se prolonga en el tiempo puede originar complicaciones, por lo que es necesario corregirlo a tiempo.
Escrito por Dra. María Teresa Romero Rubio, Pediatra
Por qué mi niño se chupa el dedo
La succión es un reflejo que el recién nacido tiene antes incluso de su llegada al mundo; las ecografías muestran que los fetos de 13-14 semanas ya chupan sus diminutos dedos. Incluso en algunos bebés se observa, al nacer, una pequeña ampolla en la mano debido a la succión mantenida dentro del útero.
El acto de succionar no sólo tiene para el bebé una función nutritiva, sino que también le proporciona seguridad, tranquilidad, sosiego y placer; a esto se le denomina “succión no nutritiva”. La boca es el principal órgano sensorial, junto con el olfato, de un recién nacido. Con ella se alimentan, con ella reclaman atención, y con ella inicialmente empiezan a explorar su pequeño mundo, comenzando por su propio cuerpo. Primero moverán ambas manos de forma descoordinada, después se llevarán esporádicamente las manos a la boca, y a las pocas semanas ya acertarán a introducir en ella sus dedos para la succión.
Esta necesidad de succión no nutritiva puede calmarse con la utilización de un chupete, que en esencia cumplirá las mismas funciones. Sin embargo, no son pocos los niños que rechazan el plástico de la tetina y prefieren succionar sus dedos. El pulgar es el dedo que con más frecuencia utilizan, aunque hay niños que intentan meterse otros dedos, o incluso toda la mano, en la boca.
En principio no hay que alarmarse porque el niño se chupe el dedo, ya que es absolutamente normal y fisiológico, y sirve al bebé para explorar su propio cuerpo, para descubrirse, y además aprende a tranquilizarse solo, utilizando sus propios recursos. Aunque no lo parezca, que un bebé de pocos meses se chupe el dedo es un signo de madurez desde el punto de vista psicomotor.

¿Hasta qué edad es normal que un niño se chupe el dedo?

La mayor parte de los bebés se chupa el dedo en algún momento durante el primer año de vida. Lo habitual es quedejen de hacerlo progresivamente hacia los dos años; sólo un 5% de los niños continuará con el hábito más allá de los seis años. En resumen, podríamos decir que deja de ser un reflejo para convertirse en un hábito a partir de los cuatro años de edad. Sin embargo no está demostrado que chuparse el pulgar sea en sí mismo ningún signo de necesidad emocional.
Chuparse el dedo deja de ser un reflejo para convertirse en un hábito a partir de los cuatro años de edad
Por lo tanto, durante el primer año de vida del bebé no se recomienda seguir ninguna pauta para quitarle la costumbre, puesto que es un patrón de conducta normal. A partir de entonces es recomendable observar en qué momentos del día tiene más tendencia a hacerlo, ya que así podrían identificarse las situaciones que le llevan a ello: si está aburrido, si tiene sueño y no puede conciliarlo, si tiene miedo… y utilizar así otros recursos para calmar sus necesidades.
Los problemas derivados de este hábito están en relación con la dentición y la fonación, por lo que si el hábito se mantiene es necesario actuar antes de la aparición de la dentición definitiva, sobre los 6-7 años de edad.


No es cuestión de alarmarse cuando vemos que los niños se chupan el dedo, es una etapa bastante normal, en caso de que este habito se prolongue hasta edades más avanzadas, es importante acudir con un especialista.

Los niños con problemas de conducta tienen peor salud.









Niño con expresión iracunda
Según la última Encuesta Nacional de Salud el 2,2% de los menores 
presenta algún problema de conducta.

Los niños con problemas de conducta suelen seguir una dieta poco saludable y dormir menos y, en general, tienen peor salud, según un estudio, que señala las medidas que ayudan a prevenir y corregir estos trastornos.
Los niños con problemas de conducta tienen una talla, peso e IMC menor que la media de los menores de la misma edad y, en general, peor estado de salud. Además, suelen seguir una dieta poco saludable o menos equilibrada, con una baja ingesta de pescadoverduras y frutas, y un consumo mayor de azúcar, refrescos y snacks, y duermen alrededor de media hora menos de lo recomendable, según conclusiones del Estudio Época, que ha analizado a unos 1.000 niños de entre 6 y 12 años, y en el que han participado más de 200 pediatras.
Los factores de riesgo más importantes relacionados con la aparición de problemas de conducta en la infancia, son la obesidad, un entorno familiar o social inadecuado, un nivel socio-económico bajo, una dieta desequilibrada, o la falta de sueño
El objetivo de este trabajo era determinar el perfil de los menores con problemas de conducta y evaluar su impacto en la salud y la calidad de vida tanto de los niños afectados, como de sus familias, a fin de poder aconsejar a los especialistas en pediatría sobre cómo abordar este tipo de trastornos, ya que se observó que un 50% de los familiares de los pequeños sufrían alteraciones del estado de ánimo como ansiedad, tristeza o desesperanza.
La última Encuesta Nacional de Salud revela que el 2,2% de los menores presenta algún problema de conducta y el 1% algún trastorno mental, pero muchas de las consultas de padres y cuidadores a los pediatras se refieren a niños que no sufren ninguna patología específica, sino que tienen comportamientos inadecuados como nerviosismo, falta de atención y de concentración, hiperactividad, o dificultades de aprendizaje.
En estos casos, el 26,2% de los pediatras –según datos del Estudio Época– ofrece consejos generales para mejorar el comportamiento, mientras que el resto recomienda un cambio de hábitos, y en algunas ocasiones les derivan al psicólogo o les prescriben algún suplemento alimenticio rico en ácidos grasos omega 3 (que ayudan a mantener una correcta función cerebral), o una combinación de estas medidas.
Según el estudio, adoptar estas medidas, especialmente cuando se combinaron con los complementos nutricionales, ayudaron a reducir los problemas conductuales y emocionales y los comportamientos hiperactivos que presentaban estos niños. En cuanto a los factores de riesgo más importantes que se han relacionado con la aparición de problemas de conducta en la infancia, y que por tanto hay que prevenir, destacan la obesidad, un entorno familiar o social inadecuado, un nivel socio-económico bajo, una dieta desequilibrada, o la falta de sueño.


Nunca sabemos el daño que le causa a los niños el ser de temperamento un poco fuerte, hay que encontrar hábitos diferentes y más divertidos para ellos, ya que ese comportamiento repercute en su futuro.

La psicología infantil.









La psicología infantil se describe como la exploración del comportamiento que incluye características físicas, cognitivas, motoras, lingüísticas, perceptivas, sociales y emocionales, desde su nacimiento hasta la adolescencia.


Las dos cuestiones básicas para los psicólogos infantiles son: determinar cómo las variables ambientales (el comportamiento de los padres, por ejemplo) y las variables biológicas (predisposición genética, por ejemplo) interactúan en el comportamiento y estudiar cómo estos cambios se conectan e influyen mutuamente.


El estudio científico.

En el siglo XIX, la teoría de Darwin de la evolución impulsó el estudio científico del desarrollo del niño. El instinto de supervivencia de muchas especies animales ha estimulado el interés en observar a los niños a identificar las diferentes formas de adaptación al medio ambiente y la carga de la herencia en el comportamiento. En 1916, Lewis Terman introdujo el test de inteligencia (Stanford-Binet), lo que llevó a una serie de estudios sobre el desarrollo intelectual del niño. En la década de 1920, Arnold Gesell analizó el comportamiento del niño a través de grabaciones audiovisuales, en las cuales los niños eran observados en edades diferentes, estableciendo por primera vez un desarrollo intelectual por etapas, similar a su desarrollo físico.


Estudios ambientales.

Sigmund Freud hizo hincapié en el efecto de las variables ambientales y la importancia de la conducta de los padres durante la infancia de sus hijos. John B. Watson, principal representante del conductismo, analizó las variables ambientales como estímulos progresivamente asociados a respuestas. En la década de 1960, Jean Piaget usó métodos observacionales y experimentales que integraron las variables ambientales y psicológicas.


Teoría de la Evolución y Desarrollo.

Las teorías evolutivas de las características de comportamiento se relacionan con etapas específicas del crecimiento. La teoría freudiana de la personalidad y la teoría de la percepción y la cognición de Piaget son pioneras. Ambos explican el desarrollo humano de manera interactiva. De acuerdo con Freud, una personalidad sana se basa en la satisfacción de las necesidades instintivas. Por su parte, Piaget, afirma que, desde su nacimiento, los seres humanos aprenden activamente, aún sin incentivos externos.


Desarrollo infantil.

Los diversos aspectos del desarrollo del niño abarcan el crecimiento físico, los cambios psicológicos y emocionales y de adaptación social. Existe un consenso en que los modelos de desarrollo están determinadas por condiciones genéticas y las condiciones ambientales: no hay un componente genético en las características de la personalidad, el crecimiento depende de la salud física hasta dos años de edad, los cambios más drásticos se producen en la actividad motora. La velocidad de adquisición de estas capacidades se transmite de forma congénita.


Se destaca la capacidad de comprender y usar el lenguaje: Noam Chomsky afirmó que el cerebro humano está estructurado específicamente para esto, porque esta capacidad no requiere un aprendizaje formal y se desarrolla siempre y cuando el niño tiene sus primeros contactos con el mundo exterior. Por otro lado, la formación de la personalidad se considera un proceso por el cual los niños aprenden a evitar los conflictos y manejarlos cuando aparecen. Los padres excesivamente austeros o permisivos pueden limitar las posibilidades de que un niño trata de prevenir o controlar los problemas. Está claro que las actitudes de los padres y sus valores influyen en el desarrollo de los niños.


Las relaciones sociales infantiles plantean interacción y coordinación de los intereses mutuos, que son modelos de comportamiento social adquirido a través de los juegos. Además, el niño aprende la necesidad de un comportamiento cooperativo y una organización para lograr los objetivos del grupo. Los niños aprenden lo que es aceptable e inaceptable en su comportamiento y, a través de la socialización, conocen el concepto de moralidad. El pensamiento moral tiene un nivel más bajo (la regla se cumple sólo para evitar el castigo) y un nivel superior (la persona comprende racionalmente los principios morales universales necesarios para la supervivencia social).


Tendencias actuales.

En la actualidad, los psicólogos coinciden en que ciertos factores de riesgo biológicos, como los niños que nacen con bajo peso, falta de oxígeno antes o durante el parto y otras complicaciones físicas o fisiológicas, son importantes para su desarrollo y el comportamiento posterior.


Existe también una investigación sobre el papel de las variables cognitivas en el aprendizaje de los roles sexuales y estereotipos acerca de las diferencias de género. Los modelos sexuales se han definido en nuestra cultura, pero la presión para el cambio a favor de estos modelos desintegra progresivamente estos estereotipos, lo que permite a una persona a cambiar o adaptar su comportamiento a las exigencias de las situaciones específicas con las que van a convivir.


Es importante también saber el concepto de psicología infantil y en caso de tener pequeños, cuando es conveniente llevar a tu hijo con un psicólogo para que lo ayude con alguna incertidumbre propia de su edad.

Educar sin gritos.


La solución más viable para educar a nuestros hijos es hablando, eso genera personas íntegras y cultas, de buena moral y que no se dejan llevar por la ira o el enojo.

Autismo en niños.




El autismo, que se caracteriza por una conducta estereotipada, repetitiva y restringida, y dificultades para relacionarse, se suele manifestar en los primeros años de vida. Conoce los síntomas en niños.
Escrito por Redacción de Webconsultas

Autismo en niños

El autismo es un trastorno neuropsiquiátrico, que generalmente se manifiesta durante los tres primeros años de vida, y se caracteriza por:
  • Aislamiento social.
  • Dificultades para comunicarse (lenguaje, mímica...).
  • Patrones estereotipados de conducta, es decir, gestos o expresiones que se repiten sin variación.

Causas del autismo en niños

No se conocen con exactitud las causas, pero es probable que tanto el factor genético como el ambiental, desempeñen un papel fundamental en esta enfermedad.
Se ha descubierto que existen ciertos genes que están relacionados con el desarrollo del autismo. Además, estudios realizados a personas con autismo demuestran que tienen irregularidades en varias regiones del cerebro.

Prevalencia

Este trastorno lo pueden presentar individuos de cualquier raza y cultura, y con diferentes niveles socioeconómicos. Sin embargo, la incidencia en niños es cuatro veces mayor que en niñas.
A nivel mundial se estima que 5 de cada 10.000 personas presentan autismo clásico. La prevalencia aumenta si se tiene en cuenta a los niños que tienen síntomas más leves, aumentando entonces la cantidad a 21 de cada 10.000 personas.

Síntomas del autismo en los niños

Existen diversos síntomas que pueden ayudar a saber si un niño padece autismo:

Indicadores precoces:

  • No balbucea ninguna palabra al año de edad.
  • No señala ningún objeto hasta los 12 meses.
  • No responde a su nombre.
  • No pronuncia palabras hasta los 16 meses, o frases de dos o más palabras hasta aproximadamente los dos años.
  • No establece un contacto visual correcto.
  • Alinea de manera excesiva los juguetes u otros objetos.
  • No sonríe ni muestra receptividad social.

Indicadores tardíos:

  • No tiene interés en hacer amigos.
  • No es capaz de comenzar o mantener una conversación.
  • Es poco imaginativo a la hora de jugar.
  • Utiliza un lenguaje repetitivo.
  • Tiene rutinas y cualquier intento de modificarlas le genera una gran angustia.
  • Muestra un apego excesivo a determinados objetos.

Diagnóstico del autismo en niños

El médico hará un cuestionario a los padres para reunir toda la información posible sobre la conducta y el desarrollo del menor. Si existen sospechas de que el niño pudiera padecer este trastorno se le someterá a una evaluación integral, en la que participan un psicólogo, un neurólogo, un psiquiatra, un terapeuta del lenguaje, y otros especialistas capacitados para diagnosticar a los niños con autismo.
Lo mejor es un diagnóstico precoz, y ya se dispone de medios para detectar este trastorno antes de los 24 meses de edad.

Tratamiento del autismo en la infancia

Una intervención a tiempo, apropiada e intensiva, mejorará el pronóstico de los menores con autismo. Actualmente, existen diferentes programas educativos y de comportamiento para tratar al niño autista, que incluyen actividades constructivas y ayudas visuales que resultan útiles.
  • Terapia conductual: consiste en el entrenamiento de comportamientos empleando la psicología conductista; se estimulan las actuaciones deseables, y se limitan los indeseables. Tanto los padres como los educadores deben ser adiestrados previamente para poder realizar esta terapia con los niños.
  • Programa de educación especial: orientado a favorecer el desarrollo del lenguaje comunicativo y la interacción con otras personas. Las escuelas a las que acuda el menor deben tener material adecuado y personal cualificado para ayudar al niño a desarrollar el lenguaje y facilitar su integración social.
  • Farmacoterapia: en los casos en que el niño no responda a otro tipo de tratamiento, el médico le puede prescribir algún fármaco.

Pronóstico

La evolución de la enfermedad depende de cada persona; algunas necesitarán asistencia cuando sean adultas, mientras que otras conseguirán vivir de manera independiente.
El pronóstico será peor en los niños cuyo cociente intelectual sea bajo, y en aquellos que no sean capaces de hablar de manera comprensible antes de los 5 años.


El poner mucha atención en el comportamiento de los pequeños es crucial, ya que de esto depende descartar o detectar alguna enfermedad temprana y complicada como lo es el autismo, que muchas veces es confundido con hiperactividad, hay que estar alerta y acudir con un especialista del tema si encontramos alguna anomalía en su forma de actuar.